Belluse Canis —ID

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Belluse Canis —ID

Mensaje por Lluse Canis el Dom 9 Ago - 21:50


Belluse Canis
“Lluse”

18 años

Licántropo

Neutral

Abarta

Hacker - prostituto
D. Psicologica

Belluse es la personificación precisa de la bien conocida frase “ojos que no ven, corazón que no siente” los acontecimientos que se fueron sucediendo en su vida le han llevado a despertar un cierto grado de paranoia al momento de confiar en las apariencias; las conclusiones que obtiene de un primer vistazo suelen ser las acertadas, aunque en caso de estarse confundiendo, no será sencillo hacerle cambiar de parecer respecto de su primera impresión.
A Lluse no le gusta hablar demasiado, cree que con decir “lo justo y lo necesario” basta, pero esta medida se puede considerar muy subjetiva, no siempre las cosas que él crea indiscutiblemente necesarias serán consideradas por otros como tales; es muy sincero a la hora de expresar lo que cree conveniente pero, a su vez, es un hipócrita habilidoso, admirable manipulador de las conversaciones.
Sus movimientos pueden parecer perezosos, pero lo cierto es que su espíritu demuestra ser todo lo contrario y la energía que emplea en las groserías y bromas incómodas dan muestra fehaciente de ello.
Belluse adora recibir cariño, quizá se deba a la naturaleza comunitaria de su raza que, aunque no siempre disfrute de las interrupciones o el exceso de atención, le agrade estar en compañía de otros individuos. En cuanto a sus relaciones afectivas en el sentido formal de la expresión, no parece despertar ningún interés, prefiere trabar amistades sexuales sin compromisos y sacar provecho de ellas.
Como buen cazador, disfruta evaluando las posibilidades y márgenes de error al tomar alguna iniciativa, es por ello que a la hora de decidir sobre algo trascendente, suele tomarse su tiempo y meditar todas las posibilidades, con el resto de las cosas que no requieran medida alguna de seriedad, se permite comportarse impulsivamente.
Extra Data

-Es ambidiestro.
-Su nombre se pronuncia "Belús" y su apodo, "Lus".
-Disfruta de fumar un cigarrillo eventualmente, asegura que le relaja y esclarece la mente.
-Es susceptible al frío, suele abrigarse exageradamente cuando la temperatura es más baja que el promedio.
-Usa gafas ―o googles― con frecuencia para no dañarse la vista al permanecer mucho tiempo contemplando el ordenador.
-El apellido “Canis” se lo asignó él mismo tras caer en cuenta de que carecía de uno, le agrada la ironía de su significado y la coincidencia con su condición (canis significa “perro” en latín).
-Disfruta de la vida nocturna más que de la diurna, es por ello que, por lo  general, descansa por las mañanas y se despierta en el ocaso.
-No presta especial atención a la variedad de su dieta, disfruta de comer frituras pero de vez en cuando tiende a hacerse con algún animalito que le proporcione carne fresca.
-Tiene un alto grado de tolerancia al alcohol, le agrada beber tanto solo como en compañía.

BREVE DESCRIPCIÓN FÍSICA:
Belluse es un joven de estatura promedio, aunque si ha de ser comparado con otros miembros de su raza, podría considerárselo algo pequeño, mide un metro sesenta y siete centímetros. El color de sus ojos varía entre el verde y el almendrado dependiendo de la cantidad de luz que reciban, su cabello es castaño rojizo, tonalidad que se extiende al pelaje que cubre su cuerpo cuando adopta su figura lupina. De complexión delgada y tez clara, se considera un tipo atractivo, un factor de consenso entre muchos de sus conocidos.
Acostumbra vestir con simpleza y prendas poco ceñidas, suele cargarse mucho durante el invierno y, aunque en verano puede vestir excesivamente ligero, prefiere mantenerse oculto de los rayos de sol, se considera una criatura nocturna.
A C C E S O
C O N F I R M A D O
rose



Apología de los desaparecidos:

HISTORIA DEL LOBEZNO PERDIDO
Belluse desconoce su origen, los sutiles e insulsos recuerdos que preserva de su temprana niñez se hallan circundados por grandes especies de árboles, según él, aquellas alusiones imaginarias a su pasado datan de los tiempos en que comenzaba a dar sus primeros pasos, siempre interrumpidos por las irregularidades del terreno, por los montones de raíces enmarañadas que se enredaban en sus tiernos piecitos de infante en plena lactancia; la luz de las noches bañaba su perlada piel cuando reposaba en su cuna, siempre invitándolo a cantarle, a dedicarle una prolongada y monosílaba canción, porque siempre que el sol se cubría con el manto del horizonte, los integrantes de su familia salían al bosque, a danzar entre los árboles convertidos en bestias, a donar sus voces a la luna y su habilidad al asesinato.
Belluse conserva tales memorias cual tesoros en el prisma blindado de su imposible olvido, pues son lo único que le queda de su primera vida, cuando era un pequeño retoño de cinco años de edad nómade en los bosques de Abarta, allí había convivido junto a una reducida manada de licántropos neutrales, más interesados en el arte de la lluvia que en el poder y reputación que cualquier ser humano pudiese haberles hurtado. Quizá fue error del pequeño Lluse jamás haber preguntado la procedencia de la carne que alimentaba su estómago cada día, o el por qué de los gritos agónicos que escuchaba cuando intentaba dormitar por las tardes, porque cuando un numeral de androides arrasó con el bosque encantado y pulverizó a los monstruos danzantes, él, iluso, se escondió en la alacena y se refugió entre los brazos de una madre anónima que allí yacía, una humana que no sabía que estaba abrazando a su hijo en las entrañas de aquel niño de mirada amielada y manos tiritantes.
Belluse fue arrastrado fuera del bosque de los sueños, lejos de su lecho de plata y de los cuerpos mutilados de sus peludos consanguíneos de quienes solo recordará su canción, el aullido que a la diosa luna ofrendaban.
El niño-lobo, que ignoraba por completo su propia naturaleza y se creía tan humano como quienes le habían extirpado de sus raíces, acabó en custodia de un orfanato en la ciudad de Belos. Las ciudades eran ruidosas, se recordaba todas las noches, grises e ignorantes de la luna, pues los edificios la ocultaban, los suelos se negaban a depender de su luz y las personas habían olvidado dedicarle sus canciones. A Lluse le agradaban los ordenadores, con siete años de edad era capaz de ganar invicto todas las partidas de la carta blanca digital, a los nueve ya sabía cómo diseñar una página web y a los doce logró estropear la programación del computador que al malvado director del instituto pertenecía, obteniendo en respuesta el adorable acompañamiento de un coro de carcajadas infantiles.
Belluse no volvió a intentar cantar a la luna, se deleitaba jugando con la numerosa comunidad de niños humanos carentes de padres a quienes llamaba “hermanos”, por las noches olvidaba dormir mientras descifraba largos códigos de programación en el único ordenador del que disponían los huérfanos. Pero Belluse no se sentía completo, porque a pesar de haber aprendido a ignorar el llamado de la luna, sabía que ella se encontraba en lo alto del cielo, esperando a que sus hijos le dedicaran una simple mirada.
A la edad de trece años se permitió a los niños comenzar a salir por cuenta propia, Belluse y sus “hermanos” comprendieron la utilidad del dinero y, viéndose incapaces de sacarle un céntimo al director del orfanato, aprendieron a hurtar las golosinas que más vistosas se mostraban en los escaparates de las tiendas; pronto dejó de bastar con aquellas dulces pequeñeces y decidieron hacerse con la moneda que les permitiría obtener los pasteles, los zapatos nuevos, los libros ilustrados. Lluse y los niños del orfanato eran conocidos como los “bandidos”, los “ladrones” y chicos bastardos de la manzana, muy a pesar de cualquier intento de los vendedores por esconder sus mercancías de las manos veloces de los escurridizos desamados, eran solo los androides capaces de asustar y ahuyentar a los pequeños.
Sin saber cuándo o cómo, Belluse aprendió también que las mujeres esbeltas que merodeaban las esquinas a medianoche eran vendedoras de cuerpos, en cierta ocasión recibió la invitación de un sujeto anónimo para ganar algo de dinero por cuenta propia y con ello comenzó a formarse en el arte de la adultez, el empleo de la prostitución que en tan gran medida aumentó los fondos comunes de los huérfanos desahuciados.
A los catorce años, Belluse conocía tanto de sexualidad como una mujer humana en sus cuarenta y tanto de programación como un ingeniero veterano próximo a su jubilación. Pero el dotado Lluse era tan ignorante de sí mismo como un niño de pecho, solo supo que no pertenecía al mundo que habitaba una noche de luna llena, cuando las fechas previas al día de su cumpleaños número quince eran escasas; por algún motivo su pecho había anhelado escuchar el llamado de la farola blanquecina que pendía en el oscuro cielo despejado de la ciudad, sus extremidades, casi por inercia, le habían conducido hasta el tejado del edificio de huérfanos, dejándole plantado de rostro a la luna. Nunca antes había visto al astro de leche tan grande e intenso como aquella noche, la luz acariciaba sus mejillas y el viento que zumbaba a través de sus oídos le imploraba que rindiera sus respetos a la hermana nocturna del sol y Belluce a ello respondió. De su garganta se desprendió un grotesco rugido y sus cuerdas vocales afinaron un melodioso aullido de lobo, su cordura se había esfumado junto con su voz y, para el momento en que sus párpados volvieron a abrirse y sus pupilas se clavaron en las manos que se abrían frente a él, su cuerpo había abandonado su contextura original, todo él era pelaje, garras, hocico, rabo y colmillos. Por primera vez en toda su vida se sintió libre de toda prisión y volvió a aullar a la luna en agradecimiento por haberle eximido de la opresión.
Claro que no perduró mucho su bienestar, pronto el sonido de los circuitos al procesar información, el de las articulaciones de metal deslizándose se dejaron oír por todas partes y el aroma a aceite lubricante y pólvora le inundaron las fosas nasales.
Belluse corrió como nunca en su vida lo había hecho, se aferró de las paredes y los tejados, de los postes de luz y las antenas de televisión, se alejó a la velocidad del rayo de los androides, de la ciudad, arrancó sus raíces de la tierra infértil que hasta entonces le había servido de apoyo y escapó hacia el bosque, hacia la Abarta de sus prematuros recuerdos.
Habiendo olvidado contar los días y noches que se mantuvo en movimiento, Belluse alcanzó las ruinas de Abarta con vida, bendijo a la luna por haberle concedido una segunda oportunidad para vivir y por haberle revelado su olvidada identidad. Permaneció un prolongado periodo de tiempo vistiendo su anatomía lupina hasta que el hambre y la soledad azotaron su estilo de vida nómade y le obligaron a aproximarse una vez más a la sociedad del consumo. Lluse logró comer cada día y descansar en un lecho todas las noches intercambiando sus placeres corporales por la simpatía de sus clientes hasta que la oportunidad de un empleo algo más digno se presentó impresa en un panfleto.
Ya con dieciséis años de edad, el licántropo brindó sus habilidades programáticas a una empresa humana que ofrecía puestos de trabajo limitados para especímenes de todas las razas, la fábrica se hallaba situada en Marvos, supuso Belluse que no había lugar más cercano de Belos que aquella destartalada edificación dedicada a la fabricación de los androides asesinos.
Sus habilidades para la programación le permitieron diseñar equipos con diversas funciones de software, muy a pesar de la gélida brisa invernal que le calaba hasta los huesos desde el horario de ingreso hasta el de salida, se sentía cálido en compañía de seres de su misma raza y otras igualmente marginadas. No tardó mucho en trabar amistad con un simpático vampiro de cabellera rojiza a quien apodó Bloody, durante el horario del almuerzo aquel sujeto teñía las comisuras de sus labios con el color carmesí de la sangre, propiciándole a su rostro un adorable aspecto monstruoso que dio origen a su tan original sobrenombre.
Cuando la primera producción de androides fue acabada, un hecho oportuno destruyó la ilusoria estabilidad que Belluse había conseguido construir en su vida, la fábrica que alojaba a todos sus compañeros de trabajo y a su propia persona ardió en llamas, apenas algunos pudieron escapar de la tragedia, solo para descubrir que los humanos les habían tendido una trampa y aguardaban a los sobrevivientes afuera con el ejército de androides que ellos mismos habían fabricado para darles caza.
Belluse y Bloody lograron escapar hacia los muelles para ocultarse durante algunos días entre comerciantes, mercaderes, contrabandistas y marineros en reposo, aguardando a que el impacto de la reciente y traumática experiencia se disipara y la fortuna les concediera la oportunidad de volver a empezar. El licántropo decidió adoptar a aquel vampiro como miembro de su manada y juntos zarparon rumbo a Abarta en un navío de carga, una vez allí se instalaron en un viejo y corroído bunker, residuo de la guerra que tantos años antes había destruido el glorioso dominio de los no-humanos.
Hasta el día de la fecha la pareja de prófugos del destino reside en aquel escondite blindado, gracias a las habilidades técnicas y programáticas de los individuos, cuentan con ordenador a mano, un complejo sistema de receptores inalámbricos que les facilitan la señal al internet y a la televisión por cable, sumado a un precario enrollo de cableados que les brindan la luz eléctrica justa y necesaria. Belluse, con sus actuales dieciocho años de edad, es un muy habilidoso hacker informático que aún se dedica, de vez en cuando, a trabajos informales que le brindan ciertos ingresos necesarios y le mantienen al tanto de los hechos que acontecen en la sociedad.


Última edición por Lluse Canis el Jue 17 Dic - 19:38, editado 1 vez

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Re: Belluse Canis —ID

Mensaje por Borko el Dom 9 Ago - 21:58

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